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	<title>terror Archivos - Cuentos y Leyendas de Terror</title>
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	<description>Mitos,  relatos, leyendas e historias cortas de terror</description>
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		<title>El bebé con mal aspecto</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2015 11:35:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[cuentos de terror]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuenta la leyenda que una azafata a la que le encantaban los niños en cierta ocasión detectó el caso más espeluznante que se recuerda en la historia de la aviación. Cuando tras acercarse a una madre con su bebé detectó algo raro… Cuenta la leyenda que una azafata a la que le encantaban los niños [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta la leyenda que una azafata a la que le encantaban los niños en cierta ocasión detectó el caso más espeluznante que se recuerda en la historia de la aviación. Cuando tras acercarse a una madre con su bebé detectó algo raro… </p>
<p>Cuenta la leyenda que una azafata a la que le encantaban los niños en cierta ocasión detectó el caso más espeluznante que se recuerda en la historia de la aviación. Cuando tras acercarse a una madre con su bebé detectó algo raro…<br />
<span id="more-196"></span></p>
<p>Los viajes cruzando el Atlántico siempre habían sido los más odiados por Alicia, una azafata de una importante aerolínea internacional que desde hacía pocos meses había sentido como su instinto maternal se disparaba tras contraer matrimonio y el nacimiento de su primer sobrinito de menos de un año. Desde entonces no desaprovechaba ninguna ocasión para hacerle carantoñas y dedicarle unas palabras de cariño a cuanto bebé se cruzaba. Sentirse mamá aunque fuera por unos instantes la reconfortaba y animaba cada vez más en su idea de tener una gran familia que la esperara con los brazos abiertos después de cada vuelo. </p>
<p>A pesar del cansancio y el maldito ”jetlag” de esos vuelos transoceánicos en los que no daba tiempo a acostumbrarse al nuevo horario Alicia estaba especialmente feliz ese día. Tras diez días de trabajo con vuelos interminables y aburridas noches de insomnio en el hotel por fin llegaría a casa con su marido y disfrutaría de unos merecidos días de descanso. Su alegría era claramente visible y dedicaba sonrisas y atenciones a todos los viajeros, incluso sus compañeros estaban sorprendidos de su alegría, sobre todo teniendo en cuenta que aún faltaban más de nueve horas de vuelo para llegar a Madrid. </p>
<p>Mientras avanzaba por uno de los pasillos del avión repartiendo las bandejas de comida, observó una mujer con cara de pocos amigos sosteniendo un bebé en brazos, tras ofrecerle el escaso menú (pollo o carne) le preguntó por la criatura que estaba dormida. </p>
<p>&#8211; Pobrecito debe estar muy cansado, ¿necesita usted algo para que el bebé descanse mejor? ¿una manta extra o tal vez calentar el biberón cuando se despierte?<br />
&#8211; No gracias – Respondió la mujer con el ceño fruncido, una respuesta tajante y tan escueta que dejó claro que no quería que les molestasen. </p>
<p>Alicia continuó avanzando por el pasillo mientras insultaba mentalmente a la mujer a la que había ofrecido ayuda y la había tratado como un desecho. </p>
<p>Al acabar de repartir las bandejas le comentó a uno de sus compañeros lo impertinente que había sido con ella y éste le dijo que a él le había pasado algo similar cuando trató de ayudarla a subir la maleta, se había llevado un empujón por ser amable y acercarse a ella. Al parecer la mujer era una maleducada de mucho cuidado. </p>
<p>Varios minutos después comenzó el turno de recoger las bandejas y restos de comida así que Alicia decidió dar una segunda oportunidad a la mujer, al fin y al cabo el bebé no tenía la culpa del comportamiento de su madre. </p>
<p>&#8211; Espero que la comida haya sido de su agrado – Le dijo Alicia con una sonrisa forzada – Si desea cambiar el pañal al bebé tenemos en la parte posterior del avión una mesita habilitada para tal efecto.<br />
-Ya le dije antes que no necesito ninguna ayuda – Contestó la impertinente mujer. </p>
<p>Alicia a estas alturas ya había declarado su odio a la señora y furiosa la observaba cada minuto como esperando que infringiera alguna norma para llamarle la atención. Pero la mujer prácticamente no se movía ni para pestañear y lo más curioso, su bebé permanecía dormido desde hacía más de seis horas sin tan siquiera haber recibido un cambio de pañal o tomado un biberón. La azafata que había hecho de niñera de su sobrino en más de una ocasión sabía de sobre que con pocos meses los bebés son como esponjas y comen cada tres horas y si no se les cambia el pañal con asiduidad se les puede irritar el culito. </p>
<p>Alicia decidió acercarse una vez más para comprobar que la criatura estuviera bien. La mujer había cerrado los ojos y se había dormido con el bebé en brazos y la mantita que cubría a la criatura se había desplazado un poco dejando su cabecita al descubierto. </p>
<p>Alicia aprovechó para mirar la carita de lo que parecía un bebé de no más de dos meses de edad. Su piel estaba pálida y su carita parecía hinchada, además desprendía mal olor, por lo que supuso que se habría hecho caca encima y su descuidada madre no se había dado cuenta. Decidió despertar a la señora para advertirla. </p>
<p>&#8211; Disculpe señora – dijo mientras tocaba levemente el hombro de la mujer – Creo que el bebé se hizo caquita ¿quiere que le habilite la mesita para cambiarle el pañal?<br />
&#8211; No moleste mas, ya le dije antes que no necesito ayuda.- La mujer al ver que su bebé estaba destapado rápidamente le volvió a cubrir con la manta toda la cabecita.<br />
&#8211; Pero señora si no cambia usted el pañal al bebé puede ocasionar molestias a los otros pasajeros y lo que es peor puede provocar una irritación de la piel a su bebé.<br />
&#8211; ¡No me va a decir usted como cuidar a mi hijo!, ¡Váyase inmediatamente o le pongo una denuncia al bajar del avión! </p>
<p>Alicia se fue cabizbaja hacia la cabina del avión, tenían terminantemente prohibido discutir con un viajero sin la presencia del jefe de cabina. Tras contarle a su jefe la situación ambos regresaron al asiento de la señora. </p>
<p>&#8211; Buenas noches señora – dijo el jefe de cabina con la voz más dulce que podía – Quisiera informarle de la posibilidad de cambiar el pañal a su bebé de una forma más cómoda en la parte trasera del avión y le ruego que lo haga para evitar molestias a los otros pasajeros.<br />
&#8211; Ya le he dicho a la chica que cambiaré a mi hijo cuando yo quiera ¡¿Quiénes se creen ustedes para ordenarme lo que tengo o no que hacer?!<br />
&#8211; Señora por supuesto no le estamos ordenando nada, pero como usted leería al comprar el billete de su infante es su obligación mantener la higiene de su hijo y traer con usted el alimento que este precise. En todo caso le informo que existen preparados de leche a bordo del avión y si necesita le podemos preparar uno.<br />
&#8211; Si no me dejan de molestar les pondré una denuncia y le diré a mi marido que es abogado que se encargue de que nunca más vuelvan a volar.<br />
&#8211; Disculpe señora pero creo que está usted confundiendo lo que es una muestra de preocupación y nuestra obligación como tripulantes con una orden o mandato. Únicamente le estamos informando de las que son sus obligaciones. </p>
<p>La mujer en este punto de la discusión estaba tan acalorada que se había olvidado de tapar de nuevo la cabecita del bebé y el olor se hizo aún más insoportable. Además el color que con la oscuridad de la cabina en las horas de descanso parecía pálido en realidad era mas bien tirando a violeta o un morado claro y se podía observar que en efecto el bebé tenía muy mal aspecto, hinchado y totalmente inmóvil. </p>
<p>Los tripulantes se quedaron mirando fijamente al niño y la madre al darse cuenta le tapó de nuevo. </p>
<p>&#8211; Señora su bebé tiene mal aspecto es nuestra obligación comprobar el buen estado de salud de todos los ocupantes del avión ¿me permite que le revise?<br />
&#8211; Usted no va a tocar a mi bebé ¡pederasta asqueroso!<br />
&#8211; Señora me veo obligado a pedirle que me permita comprobar que el bebé se encuentra bien o deberé informar al capitán.<br />
&#8211; Llame usted al presidente si quiere pero no van a tocar a mi hijo. </p>
<p>El jefe de cabina le pidió a Alicia que se acercara a la cabina y le comunicara al capitán todo lo que había pasada y que un pasajero se negaba a seguir sus indicaciones. El capitán pidió un relevo a uno de los copilotos y se dirigió al asiento de la señora. </p>
<p>&#8211; Buenas señora, mi nombre es Armando Fuentes y soy el capitán de este vuelo. Como máxima autoridad de este avión le solicito que inmediatamente permita a los tripulantes revisar el estado de salud de su hijo o me veré obligado a advertir a las fuerzas del orden del país de destino para que le estén esperando al aterrizar el avión.<br />
&#8211; Capitán usted entenderá que no quiero que personas desconocidas toquen a mi hijo – dijo con cara de asustada- yo misma iré al baño y cambiaré a mi bebé. Perdón.<br />
&#8211; Alicia acompañe usted a la señora al baño y cerciórese de que cumple con mis indicaciones. – dijo el capitán. </p>
<p>Alicia sabía que algo no iba bien, es imposible que ningún bebé duerma tantas horas sin tomar un biberón, recibir un cambio de pañal y lo que es más importante con varias personas gritando a su alrededor. Así que mientras la mujer se encerraba en el baño con el niño decidió espiar por una rendija de la puerta (por suerte para ella la puerta estaba parcialmente rota). Lo que vio dentro la dejó sin habla, la mujer desnudó al bebé y un olor pútrido salió por la rendija, el niño estaba totalmente morado y una gran cicatriz le cruzaba todo el pecho, no se movía ni hacía ningún gesto. </p>
<p>Alicia dio un grito desgarrador y uno de sus compañeros, mucho más fornido que Alicia, empujó la puerta hasta abrirla por la fuerza (tan nerviosos estaban que ni recordaron que tenían una llave). La mujer se abalanzó contra ellos dejando caer al bebé al suelo y gracias a la ayuda de un pasajero pudieron inmovilizarla. </p>
<p>El capitán comunicó al aeropuerto de destino que estuvieran esperando las fuerzas de seguridad, el bebé estaba muerto y las continuas negativas de la madre a recibir ayuda se debían a que intentaba esconder su estado. </p>
<p>La policía al revisar al bebé se llevaron una desagradable sorpresa. Habían sido vaciados todos sus órganos internos y dentro de su cuerpecito cosido con hilo quirúrgico había gran cantidad de droga. La supuesta “madre” al entrar en el baño lo que planeaba era tirar por el wc toda la droga que había en el interior del niño muerto para evitar ser capturada por la aduana y enjuiciada por narcotráfico. </p>
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		<title>La leyenda del niño Gerardito</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2015 11:23:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[leyenda de guatemala]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quetzaltenango, la segunda ciudad más grande en Guatemala, también conocida por su nombre de origen maya, Xelajú, o simplemente Xela, guarda una escalofriante leyenda cuyos orígenes se remontan a fines de la década de los cincuenta, todavía la urbe alejada de la modernización actual, la población menor populosa y los vecinos más cercanos y amigables [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Quetzaltenango, la segunda ciudad más grande en Guatemala, también conocida por su nombre de origen maya, Xelajú, o simplemente Xela, guarda una escalofriante leyenda cuyos orígenes se remontan a fines de la década de los cincuenta, todavía la urbe alejada de la modernización actual, la población menor populosa y los vecinos más cercanos y amigables entre sí. No fue esto óbice, como pronto veremos, para que Quetzaltenango fuese teñida por la tragedia.<br />
<span id="more-172"></span></p>
<p>Cuentan los memoriosos que por esas épocas, en cercanías del parque Benito Juárez, vivía un niño, de apenas ocho años, cuyo nombre completo era Gerardo Valdizán Botrán, conocido por todos como Gerardito, estudiante del Liceo Guatemala. Una tarde se encontraba jugando, como de costumbre, en el parque, cuando se le acercó un hombre de aspecto corriente, tomó de su bolsillo unos dulces y se los ofreció.</p>
<p>Gerardito aceptó con felicidad, y los degustó mientras aquel hombre le aseguraba que en su domicilio, que se encontraba a pocas cuadras, guardaba carretadas de golosinas, y que Gerardito sólo tenía que acompañarlo para comer hasta hartarse. Entusiasmado por la oferta, el niño decidió seguir al desconocido hasta su casa.</p>
<p>El lector se imaginará que el adulto no traía las mejores intenciones. No obstante, debe recordarse que nos hallamos en una lejana década del siglo XX, en la que las noticias de vejámenes y asesinatos infantiles eran muy poco comunes, y por lo general la población era confiada al punto que los niños solían jugar en la calle o en los alrededores de sus casas sin demasiada supervisión, ya que hasta el tráfico era menos intenso, al menos en ciudades y pueblos chicos.</p>
<p>Gerardito fue con el hombre hasta una casa grande, de muchas habitaciones, en una de las cuales el sujeto lo introdujo y le indicó que lo esperara allí. Lo que sigue es objeto de muchas especulaciones.</p>
<p>Minutos después, los vecinos oyeron desgarradores gritos. Al salir varias personas a la calle, vieron a un individuo huir apresuradamente de la casa en cuestión, y al cuerpo de Gerardito yacer en el suelo de una de las habitaciones.</p>
<p>Mientras varios hombres emprendían la persecución del individuo, se constató que el niño aún vivía, pero había recibido terribles golpes que dificultaban su respiración. Finalmente, expiró, no sin que sus últimas palabras fueran: “Antes morir que pecar”. Toda la ciudad se sintió conmovida por esta demostración de rauda madurez en un niño de ocho años que había preferido la muerte a entregar su virtud. En cuanto a su asesino, fue atrapado y llevado ante las autoridades, y dos versiones circulan sobre su identidad: que se trataba de un miembro de una conocida y respetada familia, o bien que se trataba de un pariente de Gerardito, lo que explicaría la confianza que éste había tenido para con el supuesto extraño desde el primer momento. Sea como fuere, el hombre fue condenando a pasar el resto de su vida en prisión.</p>
<p>La última frase que el niño Gerardo había pronunciado antes de morir quedó en la memoria de todos, y su tumba se convirtió en un santuario. La leyenda afirma que el fantasma de Gerardito se aparece a las personas que piden su intercesión en asuntos de angustia moral y se encomiendan a su guía, y que soñar con él proporciona paz interior y sabiduría para obrar rectamente.</p>
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		<title>Leyenda de la niña en la escalera</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Oct 2015 11:19:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[leyenda mexicana]]></category>
		<category><![CDATA[escalera]]></category>
		<category><![CDATA[leyenda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta leyenda nos llega desde el Distrito Federal de México, en una época sin especificar, en la cual una mujer que había enviudado, acongojada por la soledad, había buscado consuelo en un hombre que en un principio parecía ser una buena persona, pero el tiempo se encargaría de mostrar lo contrario. La mujer invitó al [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Esta leyenda nos llega desde el Distrito Federal de México, en una época sin especificar, en la cual una mujer que había enviudado, acongojada por la soledad, había buscado consuelo en un hombre que en un principio parecía ser una buena persona, pero el tiempo se encargaría de mostrar lo contrario. </p>
<p>La mujer invitó al hombre a vivir en su casa, y como dijéramos, al comienzo de la relación todo marchaba bien.<br />
<span id="more-166"></span></p>
<p>La mujer tenía tres hijos, la menor de ellos una niña de unos seis años, que era su preferida. La relación entre el hombre y los hijos de la mujer era buena, hasta que el vicio de la bebida pudo más. Fue entonces que comenzaron los malos tratos, las amenazas, las discusiones y los golpes. Finalmente, era más tiempo el que este hombre pasaba en estado de ebriedad que sobrio, momentos en los que desparrabama su ira contra su mujer y los hijos de ésta.</p>
<p>Cuando estaba a punto de emprenderla a golpes con la hija menor, la mujer se interponía y le rogaba que no lo hiciera. Quizás una luz de remordimiento lo consumía entonces y con improperios se iba al cuarto matrimonial a echarse a dormir. Estas desagradables escenas se repetían varias veces a la semana. </p>
<p>Naturalmente, el dinero escaseaba, ya que este buen señor gastaba mucho en bebida y no se apresuraba por buscar trabajo. Un día, a la vez ebrio y disgustado por la falta de bebida con la que comprar más alcohol, comenzó una vez más la golpiza contra la mujer. En esta ocasión la hija menor se interpuso y le rogó que se detuviera. Ciego de ira, el hombre golpeó entonces repetidas veces a la niña a pesar de los ruegos de  la mujer, los que, más que aplacarlo, parecían alimentar su furia.</p>
<p>Desatado en su furor, tomó a la niña y la arrojó por las escaleras de casa, matándola. </p>
<p>Al comprobar la muerte de la criatura, la madre lloró desconsoladamente sobre el cadáver. El hombre, aterrado por su propio crimen, en un principio quiso huir, pero su desesperación fue más fuerte: tomó una cuerda, caminó hacia su habitación y se ahorcó.</p>
<p>Luego de las averiguaciones policiales y el funeral de la niña, la madre y los hijos sobrevivientes abandonaron para siempre la casa, que quedó hasta hoy deshabitada. Es aquí donde comienza la leyenda. </p>
<p>Dicen quienes han estudiado el caso que la niña se convirtió en un espíritu benefactor, que presta ayuda a las personas que corren riesgo de vida al subir o bajar una escalera. Cuando alguien que ha trastabillado en los escalones está a punto de caer, y de pronto recupera el equilibrio, se dice que ha sido ayudado por el espíritu de la niña de las escaleras. Algunos hasta afirman haberla visto, con su vestido oscuro, pequeña y sonriente, quizás ajena a la misión salvadora que su destino de ultratumba le hizo escoger. </p>
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