Leyenda de la llorona

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La leyenda de La Llorona, quizá la más conocida por los mexicanos, narra la historia de una bella mujer que pena por la muerte de sus hijos. La leyenda de la llorona es 100% mexicana y se ha mantenido de generación en generación desde la época de la colonia española hasta la actualidad.

Se cuenta que a principios del siglo XVII existió en la ciudad de Durango una hermosa mujer indígena, cuya extraordinaria belleza tenía deslumbrados a todos los jóvenes de la ciudad que la cortejaban incesantemente y deseaban correspondencia a su amor.

La dama que pisaba los veinte abriles, era consciente de su singular hermosura y con desdén poco usado descorazonaba a sus admiradores.

Por esos años llegó a estos lugares, proveniente de la capital de la nueva España, un joven caballero español de la orden de Santiago, apuesto y elegante cabalgando en su negro pura sangre. Al contemplar el caballero la belleza única de la dama, bajó de su caballo y extendió su capa sobre el piso para que pisara sobre ella la hermosa mujer.

El noviazgo se formalizó, pero el padre de la muchacha le prohibió de manera terminante toda pretensión de matrimonio con un hombre español de sangre pura. Por ello lo hermosa doncella huyó con su amado caballero.

Pronto la pareja procreó tres hijos que eran el encanto de la madre. Los tres bellos hijos, la madre cuidaba de forma devota, convirtiéndolos en su adoración. Frecuentemente le pedía al varón legalizar la unión marital para poder dar nombre sin afrenta a sus tres vástagos. El caballero como única respuesta, solamente le daba un beso a la amada y le ponía en sus manos algunas monedas de oro.

Los días seguían corriendo, entre mentiras y sombras, manteniéndose escondidos de los demás para disfrutar de su vinculo, la mujer viendo su familia formada, las necesidades de sus hijos por un Padre de tiempo completo comienza a pedir que la relación sea formalizada, el caballero la esquivaba en cada ocasión, quizás por temor al qué dirán, siendo él un miembro de la sociedad en sus más altos niveles, pensaba mucho en la opinión de los demás y aquel nexo con una indígena podría afectarle demasiado su estatus.

Tras la insistencia de la mujer y la negación del caballero, un tiempo después, el hombre la dejó para casarse con una dama española de alta sociedad.

Ella no le reclamó la traición, solamente le pidió que no la abandonara a ella por sus hijos, que siguiera sosteniendo a quienes eran de su sangre. El hombre iracundo le dijo:

No vuelvas a cruzarte en mi camino, eres indigna de mi linaje… tú eres una mestiza… hija de una india indeseable. Tu padre hizo mal en darte el nombre que no mereces.

Le dio un golpe con la pesada bota, cuando la mujer postrada de rodillas lo abrazaba de las piernas implorándole su protección.

La mujer rodó por el suelo, humillada y herida en lo más profundo de la dignidad humana.

La mujer dolida y totalmente desesperada, tomó a sus tres hijos, llevándolos a orillas del rio, abrazándolos fuertemente con el profundo amor que les profesaba, los hundió en el hasta ahogarlos. Para después terminar con su propia vida al no poder soportar la culpa de los actos cometidos.

Desde ese día, se escucha el lamento lleno de dolor de la mujer en el río donde esto ocurrió. Hay quienes dicen haberla visto vagando buscando desesperada, con un profundo grito de dolor y lamento que clama por sus hijos.

La culpa no la deja descansar, su lamento se escucha cerca de la plaza mayor, quienes miran a través de sus ventanas ven una mujer vestida enteramente de blanco, delgada, llamando a sus hijos y que se esfuma en el lago de Texcoco.

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