Al sonar el timbre

Durante una fría noche de abril, azotada por una tremenda tormenta, Fernanda y su padre se encontraban plácidamente viendo las noticias. En ellas relataban la fuga de un enfermo mental  procedente de un psiquiátrico cercano a su barrio. El noticiero informaba:
“Se alerta a los ciudadanos sobre el escape de un hombre con deficiencias mentales, altamente peligroso. Es conocido por tener episodios psicóticos en los cuales se torna muy agresivo.

A quienes observen movimientos sospechosos de algún sujeto desconocido, instamos a que denuncien el hecho por medio del número en pantalla. También se recomienda en la medida de lo posible, evitar salir de sus hogares hasta dar con el paradero del susodicho. Estaremos informando.”


-Esa noticia me ha puesto muy nerviosa, papá. El psiquiátrico del que hablan se encuentra muy cerca de nuestra casa.
-Lo sé, hija. Pero tranquila, pronto encontrarán a ese hombre.
-Espero sea así papá. No deberías asistir ésta noche a tu trabajo, no es seguro.
-Es necesario que asista, hija. Ya he faltado un par de ocasiones durante el mes, debo ir. Además, como personal de seguridad nocturno, no puedo ausentarme.
-Comprendo, papá. Bueno, confío en que no te ocurrirá nada, sólo… cuídate mucho. Te quiero.
-Tranquila, hija. Estaré bien. Al salir cerraré la puerta con doble llave. Bajo ningún concepto se te ocurra abrirla si llegasen a tocar el timbre. En vista de la situación, no es prudente que atiendas a nadie.
-Entiendo, papá. Simplemente, me encerraré en mi cuarto durante la noche.
-Es lo mejor, hija. De igual forma, dejaré un duplicado de la llave en la mesita del pasillo por si surge un percance. Utilízala únicamente para alguna emergencia. También te quiero.

Al sonar el timbre

Al despedirse y tras echar llave a la puerta, la niña se dirige a su habitación, como le había dicho a su padre que haría. Enciende el televisor con el fin de apaciguar los truenos provenientes del exterior. Al poco tiempo de estar viendo un show de talentos, interrumpen la transmisión para informar que se ha visto al psicótico a pocas calles de su residencia. El miedo se apoderó de Fernanda, al sentirse vulnerable en aquella casa sola.
Intentó dormir, aunque la angustia de saber que aquel hombre peligroso estaba merodeando su barrio no la dejaba. La idea de que pudiese entrar a su propiedad, le asaltaba la mente constantemente. Simplemente estaba aterrorizada.
A la mañana siguiente, cerca de las nueve, ya habiendo acabado la tormenta, suena el timbre. Ella, aunque tenía tiempo despierta mirando al techo, no se había levantado de la cama. Tras escuchar, extrañada, decide acercarse a la puerta.
-¿Quién es?

Preguntó la niña.

-Tu padre, hija. – Respondió una tétrica voz, del otro lado.

Asustada, corrió de inmediato a la alcoba de su padre, para darse cuenta de que él no volvió durante la noche. Sin saber qué hacer, optó por ignorar al sujeto, pues estaba segura que no se trataba de su padre. Al instante escuchó un bullicio frente al jardín. Eran patrullas de oficiales con sus sirenas encendidas. Policías gritaban:
-¡Deténgalo, es peligroso! No lo dejen escapar.
Fernanda, estando atenta a lo que decían los oficiales fuera, escucha:
-Pobre hombre, no merecía morir así. Sólo un loco como este podría hacer tal cosa.
De inmediato, siente una corazonada. Corre hacía el pasillo para buscar el duplicado de la llave y observar de quién se trataba. Al por fin abrir la puerta, se encuentra con una escena dantesca donde la sangre era telón de fondo. La niña impresionada, gira su cabeza a la izquierda, para ver un cuerpo tendido en el suelo con una sábana encima. Se trataba de su padre, quien había sido víctima del demente.

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