El escalofriante hombre sin párpados

Se cuenta que por las calles de Buenos Aires, un hombre de aspecto descuidado deambula por la ciudad. No se trata de un indigente cualquiera. Este tiene la peculiar tendencia a seguir a los ciudadanos a altas horas de la noche. Lo hace sin la intención de cometer alguna fechoría, su acción se limita a observar. Seguir a un sujeto cualquiera mientras le observa. No emite sonidos, no responde cuando se le interroga. Quienes se han topado con él, concuerdan en notar una característica en sus ojos, carece de párpados.
Es bien conocida la leyenda del hombre sin párpados. Se dice que nació en una villa humilde de la ciudad, una posible deformidad genética fue la responsable de la característica más relevante del hombre.

Al ver luz por primera vez, sus padres lo rechazaron de inmediato. Tal vez producto de la ignorancia, pues se trataba de personas muy supersticiosas. Vieron en el niño la inminente desgracia, por considerarlo una abominación. Un convento de monjas se hizo cargo de la criatura. Allí lo cuidaron hasta los diez años, cuando escapó sin explicación alguna.

 

La escalofriante historia del hombre sin parpados

Durante años nadie puedo dar con el paradero del niño, había desaparecido sin dejar rastros. Se le tenía por muerto, hasta que una mujer acudió aterrorizada a una comisaria en un barrio del sur de la metrópolis, para denunciar que había sido perseguida varias cuadras por un hombre de aspecto marginal, y cuyo rasgo distintivo era su falta de párpados.
Desde aquel primer avistamiento, los reportes de personas que dicen haber sido testigos de ese peculiar ser, se multiplicaron. Todos concuerdan en que el sujeto nunca los toca, simplemente hace contacto visual con una perturbadora mirada que cala hasta los huesos. Las víctimas de los encuentros relataron sentir un pavor inmenso con la presencia del hombre.

Algunos intentaron pedir ayuda a otros peatones de las veredas cuando tenían oportunidad, con la singularidad de que el tercero a quien acudían, nunca lograba ver al inquietante sujeto. Por lo que se deduce, que sólo el acechado por el hombre sin párpados, puede verlo en ese momento. La desesperación invade a los perseguidos, pues son tomados como dementes al intentar pedir socorro. Luego de la persecución, la cual puede extenderse hasta una hora, suele acabar con un giro súbito de tipo, para tomar otra dirección, o acosar a su siguiente víctima.
Por tratarse de una aparición, pues, quienes han tenido el mal trago de ser acompañados por el hombre sin párpados, dicen nunca ser tocados por él, las especulaciones sobre su género abundan. Es decir, de entrada no puede categorizarse como ser humano físico, ya que el tercero que está fuera de la persecución no puede apreciar la figura del hombre. Entonces, se reduce a un plano espectral, carente de materialidad.

Sus intenciones no son del todo claras. Unos apuntan a la posible ayuda que estaría pidiendo aquella alma errante, producto de desconocer su descenso del plano físico. Aunque sin poder nunca llegar a comunicarse. Otros, sostienen que se encuentra en la búsqueda de sus padres, los cuales nunca llegó a conocer. Que ellos de seguro, tampoco se encuentran en el plano físico, por lo que el espectro está condenado a vagar eternamente, buscando a sus progenitores.

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